Llega un momento en el que te das cuenta de que todo es variable. Puede que uno mismo se empeñe en pensar que si no hace nada y deja que todo siga su curso seguirá igual pero no es así. Ni mucho menos. La cuestión es que ni siquiera se piensa sino que uno se dedica a seguir su ritmo normal de vida y ni siquiera se preocupa de lo que pasa alrededor. Es algo que está ahí y que parece que siempre va a estar.
Y todo el parrafo pastelón y ñoña anterior, ¿a qué viene? ¿Pa' qué cuentas cuatro reflexiones de todo a 20 duros que ya se sabe que son así? Pues nada, simplemente que llevo un mes en el que cuatro compañeros de trabajo, dos de mi misma empresa y dos de mi grupo de amistades del parque tecnológico, cambian de trabajo. Todavía no se han ido todos pero ya se echa de menos a los que no están. Es como la mítica frase de las películas "Siempre se van los mejores..." (no es que quiera desmerecer a los que se quedan, ni mucho menos) aunque yo la cambiaría por "Nunca se van los peores".
A todos, adios.
PD: Y sí, ya sé que se irán muchos más... o nos iremos que nunca se sabe.